ASOCIACIÓN CANARIA DE NEUROPSIQUIATRÍA  

Principal

 

 

Principal

 

ANTE  LA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL ACTUAL:
PROTEGER  EL CAPITAL MENTAL DE LA POBLACIÓN

 

Ante la profunda situación de crisis económica que se desarrolla a nivel mundial, desde la Asociación Canaria de Neuropsiquiatría y Salud Mental (ACN)- consideramos necesario invitar a que todos los ciudadanos e Instituciones, Empresarios, Organizaciones Cívicas y Sociales, Sindicatos, Medios de Comunicación, Enseñantes, Profesionales y Población general, a reflexionar de forma conjunta las siguientes Recomendaciones para los próximos 20 años”, que, a nivel internacional y desde grupos de asesoramiento e investigación independientes, se vienen formulando como alternativas de salida a la crisis, y para el afrontamiento de los nuevos retos que la globalización nos impone a nivel mundial.

La fragilidad de la economía canaria por su dependencia del exterior y la sostenibilidad económica del sistema sanitario, por los problemas con su financiación (por debajo de la media per capita española), el déficit de recursos humanos y la ausencia de planificación a medio y largo plazo, hacen necesario que la sociedad canaria sea consciente de los riesgos a los que se encuentra sometido el estado del bienestar y sus condiciones de vida y trabajo, junto a la necesidad, de que no paguen la crisis financiera el pueblo en su conjunto, cuando la han generado los intereses especulativos del capital financiero.

 Afrontamos una grave crisis financiera de dimensiones sin parangón en un mundo que nunca antes había estado tan estrechamente interconectado ni había sido tan interdependiente. Las consecuencias tienen dimensiones mundiales, y la situación es particularmente inestable. La crisis financiera se está transformando rápidamente en crisis económica, y en muchos países amenaza con convertirse en una crisis social. La crisis llega cuando el compromiso en favor de la salud mundial alcanzaba las más altas cotas nunca logradas. Coincide con el impulso más ambicioso de la historia para disminuir la pobreza y distribuir más uniformemente y de manera más justa los beneficios de la sociedad moderna, incluidos los relacionados con la salud: los Objetivos de Desarrollo del Milenio por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Un esfuerzo precedente para utilizar la salud a modo de vía hacia el desarrollo económico, lanzado en 1978, fue seguido casi de inmediato por una crisis de combustibles, la multiplicación del precio petróleo y la crisis de la deuda a principios de los años 1980. En la respuesta internacional que se dio a esas crisis se cometió el error de disminuir las inversiones en los sectores sociales, muy particularmente en la salud y la educación. Muchos países aún sufren las consecuencias de esas equivocaciones.

No conocemos con claridad lo que la actual crisis financiera acarreará a los países de ingresos bajos y economías emergentes, pero abundan las predicciones muy pesimistas. Ante la perspectiva de una recesión mundial, las presiones fiscales de los países ricos podrían recortar la asistencia oficial para el desarrollo. Peor aún es la posibilidad de una reducción de los gastos sociales (en salud, educación y protección social) que muchos países, en especial los de bajos ingresos, pueden verse obligados a llevar a cabo. En el pasado se dieron esas dos respuestas, y ambas podrían ser ahora tan devastadoras para la salud, el desarrollo, la seguridad y la prosperidad como lo fueron en el pasado.

Para poder salir de esta crisis económica y social, y progresar en entornos de extrema competitividad y profundos cambios en los sistemas internos familiares-laborales-sociales-económicos actuales, los estados  y gobiernos deberán dirigir recursos, esfuerzos e intervenciones centradas  - de inmediato -, en favorecer la protección de la salud mental, y el fomento de los recursos psicológicos de los ciudadanos, el capital mental de la población, en los entornos sociales, laborales y  familiares, desde la infancia y a lo largo de todo el ciclo vital.

Reflexionemos, por tanto, en algunas de las Recomendaciones formuladas para los próximos 20 años:

1.- Principales cambios que deben despertar alertas.- Los cambios demográficos, familiares, socioeconómicos, culturales, grupales e individuales, requieren la determinación para aplicar programas que contribuyan a gestionar y resolver estas incertidumbres poblacionales que se avecinan, gestionando el Capital Mental y el Bienestar de la Población, de forma inteligente. Por ejemplo: la expectativa de vida alcanzada nos obligará a revisar nuestra concepción actual de qué es la edad avanzada, o que significado y actividades desarrollamos en la etapa de jubilación, o que tipo de cuidados e intervenciones sociales se necesitan, para evitar las tensiones sociales que se generarán si no se interviene a tiempo.

2.- Disposición General al  Aprendizaje.-  Preparar a la población para el aprendizaje de estrategias que protejan y aumenten el capital económico, mental y el bienestar, requerirá de intervenciones familiares, sanitarias, sociales, y laborales que permitan generar y actuar con una Disposición Social y General a la Adaptación y al Aprendizaje en los nuevos entornos vitales y tecnológicos que ya están en auge.

Por ejemplo: es necesario adoptar una perspectiva de ciclo vital para entender la relevancia futura que adquirirá la actual infancia. Favorecer una comprensión infantil del valor de la producción, el esfuerzo y el trabajo, resulta necesario; centrarnos en la generación de conductas prosociales, cooperativas, con disposición al aprendizaje continuo y de forma perpetua, con estrategias de afrontamiento y adaptación al estrés y al cambio permanente

Entrenar a los padres, trabajadores, estudiantes, y a la población general en el manejo de datos cuantitativos y cualitativos, en la utilización habitual de herramientas tecnológicas para la comunicación y difusión de información matemática y científica; fomentando estrategias para la interacción y comunicación, social y emocional,  tanto a nivel individual como grupal, y en el ámbito laboral.

Nuevas oportunidades laborales y de socialización surgen con las nuevas tecnologías, requiriendo de los Gobiernos y Estados, estrategias para implementar el acceso a sus beneficios y la reducción de las desigualdades, principalmente, en los grupos de mayor desajuste, desarrollando estrategias preventivas que ayudan a reducir la incidencia de conductas sexuales de riesgo, conductas antisociales, agresión y criminalidad, o el uso de drogas.

3.- Retorno de la Inversión.- Un cambio de actitudes hacia el aprendizaje, y hacia la relevancia de la salud mental de la población, optimizando la búsqueda de estrategias efectivas que favorezcan un desarrollo económico-laboral más productivo, basado en criterios no solamente economicistas, sino en entornos más satisfactorios y tolerantes, está al alcance de la mano. A poco que se trabaje en ello.

Desde la Asociación Canaria de Neuropsiquiatría y Salud Mental (ACN)-, como se viene insistiendo a nivel internacional,  señalamos a la sociedad canaria, la necesidad de aumentar las inversiones a favor de la salud y del sector social, por poderosas, y estratégicas razones:  

Primero, para proteger a los pobres.-  Se precisan con urgencia redes social de seguridad más robustas que protejan a los más vulnerables: pobres, los marginados, los niños, las mujeres, los discapacitados, los mayores, y los afectados por enfermedades crónicas.

Segundo, para promover la recuperación económica y promover la estabilidad social. Invertir en los sectores sociales nos permitirá  acelerar la recuperación  económica. La distribución equitativa de la atención a la salud y la educación,  contribuyen decisivamente a la cohesión social, que a su vez supone la mejor protección frente al malestar y agresión. 

Tercero, para generar eficiencia.  Los pagos directos en el lugar donde se presta el servicio sanitario y social, constituyen el modo menos eficiente y más empobrecedor, que ya está hundiendo cada año a millones de personas por debajo de la línea de pobreza. Un compromiso en favor de la cobertura sanitaria universal no sólo protege a los pobres sino que es el modo más asequible y eficiente de utilizar recursos cuando escasean.

Cuarto, para crear seguridad. Un mundo fuertemente desequilibrado en materia de salud y educación, no es estable ni seguro. Disponer de sistemas de salud robustos es esencial para mantener la capacidad de vigilancia y respuesta frente a las amenazas, evitando desajustes profundos para las posteriores décadas.

No repitamos los errores cometidos en el pasado. Una positiva salud mental, un capital mental capaz de generar satisfacción a nivel individual, y prolongar estas actitudes, y comportamientos, con resultados sobre el entorno familiar, social, laboral, y comunitario, requiere inversiones económicas sustantivas que, por otra parte, tienen garantizado el retorno, de antemano, por los beneficios que reporta, y los desajustes que previenen, y evitan.

Esta advertencia debería ser considerada por todos los Organismos Gubernamentales, y Empresas, implicándose de forma decidida en la generación de estrategias y recursos financieros y humanos, con esta finalidad, desde todos sus Departamentos: Justicia, Asuntos Sociales, Educación, Trabajo, Economía, Ciencia, Tecnología, Sanidad.

 

                                                                    Tenerife  a 15 de Diciembre de 2008

 

                                                                    Dr. Francisco Rodriguez Pulido

                                                                    Presidente de LA ACN